No sé que sucede con el organismo de una persona que produce ese deseo irrefrenable por postear cosas sin mucho sentido, pero a la vez tan profundas como el Gran Cañón de Colorado, a altas horas de la madrugada. Ni tampoco comprendo el hecho de que las horas puedan ser altas o bajas, puesto que yo no creo que pueda medirse su tamaño, al menos no con la tecnología actual de la que la ciencia nos provee.
Pero el hecho es que el deseo irrefrenable se mantiene, igual que las horas son altas, los liliputienses bajos y el viento que se cuela por debajo de la puerta es frío. Frío a pesar de que es verano. Uno de los veranos más calurosos que mi mente puede recordar. Y no es que mi memoria sea tan buena, sino que el calor es tan malo.
Eso me crea un conflicto emocional: y si en realidad sí sé medir las horas por tamaños, sólo que mi memoria es mala y por ende no lo recuerdo?
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